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lunes, 6 de abril de 2020
La escritura y su interpretación
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9:02 p.m.
miércoles, 1 de abril de 2020
Guía del curso Interpretación y Producción textual
Guía del estudiante
Curso Interpretación y Producción Textual II
CRITERIOS PARA LA EVALUACIÓN
DE LA LECTURA Y PRODUCCIÓN ESCRITA
Componente virtual
Docente: Raúl de J. Roldán Álvarez
E-mail: codigoycomunicacion@gmail.com
Cursos relacionados: Laboratorio de escritura, Semiótica e Interpretación y producción de textos
Rejillas de evaluación
Son instrumentos de evaluación cualitativa y cuantitativa que definen los criterios y desempeños sobre los que se hará seguimiento a los procesos de lectura y escritura. (...) Serán, a su vez, herramientas de autoevaluación [por el estudiante] y coevaluación [estudiante y profesor] con carácter definitorio.
Criterios generales de evaluación
La actividad estará dividida en cuatro aspectos. Su trabajo será evaluado según los siguientes criterios generales:
Lectura
1. Diferencia tipos de texto, de acuerdo con sus condiciones de enunciación y estructura.
2. Reconoce el planteamiento central de un texto (idea global o tesis).
3. Reconoce ideas centrales en un texto.
4. Hace deducciones e inferencias, a partir del contenido de los textos.
5. Relaciona el texto con otros textos y toma posición frente a sus contenidos.
6. Realiza lectura con objetivos específicos, por ejemplo, investigar, hacer una síntesis, diferenciar hechos de opiniones, profundizar un tema o identificar información para organizarla en un texto, entre otros.
Escritura
1. Utiliza elementos de coherencia y cohesión para relacionar oraciones entre sí.
2. Hace uso correcto de los signos de puntuación.
3. Estructura sus textos en párrafos que tienen una idea principal sustentada con ideas de apoyo coherentes.
4. Evita repeticiones y reiteraciones.
5. Sintetiza y reconstruye información contenida en textos especializados.
6. Apoya sus ideas a través de diferentes esquemas de argumentación.
7. Produce textos con una estructura básica clara: introducción, desarrollo y conclusión.
8. Sigue un hilo conductor y conecta lógicamente el tema, la idea global, las ideas centrales y de apoyo.
9. Demuestra apropiación del proceso de escritura (documentación, adecuación, textualización, revisión y reescritura).
10. Utiliza y referencia adecuadamente las fuentes de consulta para sustentar los planteamientos.
11. Demuestra capacidad propositiva en sus escritos.
Gramática
1. Diferencia las categorías gramaticales.
2. Reconoce las funciones sintácticas de los elementos constitutivos de oraciones simples y compuestas.
Ortografía
1. Toma conciencia sobre la importancia social y académica de la ortografía.
2. Reconoce y aplica las normas de ortografía literal y acentual.
¿Cómo será evaluado el proceso de lectura y producción escrita?
[El estudiante irá consultando los tópicos asociados a una adecuada práctica escritural: ¿Qué es "cohesión" y cómo se implementa en un texto? ¿Qué es "coherencia" y su papel dentro del texto? ¿Qué es "discurso" y cuáles sus diferencias con el "texto"?, entre otros. Si de la consulta se deriva alguna inquietud, se remitirá al docente vía e-mail para que él apoye su proceso de aprendizaje y facilite la refinación gradual de su texto.]
*Lo que sigue en corchetes [ ] está asociado a la actividad específica propuesta por el docente Raúl de J. Roldán Álvarez.
Metodología y proceso para desarrollar la actividad autoevaluativa y coevaluativa:
[Como la escritura es un ejercicio de polifonía y, por tanto, tiene un carácter social, tanto textos como observaciones a cada uno de los mismos, estarán a disposición de todo el grupo, con el fin de que el aprendizaje, acerca de la construcción textual, esté en el marco de una pedagogía cooperativa y se traduzca dicho objeto, conforme a lo dicho por Bajtín, es "un espacio de cruce entre los sistemas ideológicos y el sistema lingüístico" logrando, por esta vía, llegar a la concepción de un "yo" social, que facilite el ejercicio académico. De aquí, que cada uno de los miembros del grupo está en libertad de adelantar crítica argumentada --entiéndase, argumentada y respetuosa, no de carácter personal--, de la producción de los demás, la cual debe hacerse pública a través del correo grupal.]
[El texto inicial es una producción de, al menos, dos (2) páginas, o su equivalente 8 párrafos muy bien estructurados. Pero este texto inicial, en la medida en que avance el proceso de refinamiento, es decir, se vayan adelantando consultas para profundizar en su temática y se implementen una diversidad de herramientas de carácter lingüístico y hermenéutico, puede ampliar en términos de su contenido.]
[Para la elaboración del texto inicial, el estudiante debe tener presente definir el tipo de texto que le va a servir de marco a su proceso. Para este ejercicio, se van a abordar solo tres tipos, que son los que permiten, en un comienzo, hacer evidente un desarrollo escritural más adecuado: el periodístico (artículo de opinión, reportaje, ensayo periodístico y columna), el literario (cuento o una expresión propia de carácter estético), el humanístico (ensayo sobre el fenómeno estético, de temática educativa, tecnológica, psicológica o sociológica, pero el carácter del ensayo es argumental). Luego formúlese una o varias preguntas en el marco del tipo de texto que adoptó, las cuales sean, realmente, relevantes o inquietantes para usted (sería positivo que estudiara la presentación en power point: "A propósito de la pregunta"* realizada por el Parque "Explora", la cual le ayudará a formular preguntas de modo correcto). La pregunta le servirá de camino para la búsqueda del material que apoyará sus ideas. Posteriormente, inicie la elaboración de su texto y vaya revisándolo a la luz de los criterios de evaluación expuestos en esta guía y, si desconoce algunos conceptos de evaluación consúltelos y, los que no entienda, indague públicamente al profesor. En el asunto del e-mail debe escribir: Pregunta para producción de texto y sus nombres y apellidos”. La pregunta ha de ser clara y concreta relacionada con los criterios de evaluación que se expondrán a continuación. Debe tener en cuenta que si la pregunta ya ha sido realizada por otro compañero, el docente le remitirá a la respuesta que se le dio al mismo. Por eso es importante que lea todo lo que se envíe].
[El texto producido tendrá varias versiones y se propone que vaya de la escala numérica más baja, si es el caso, a la de excelencia, de acuerdo con los siguientes criterios generales]:
4.5 a 5.0 Excelente
Las afirmaciones están argumentadas con evidencias provenientes de diversas fuentes.
El estilo, la estructura y el tono [del escrito] son consistentes con el tipo de texto.
La prosa es precisa, consistente, clara, breve y coherente.
La organización del texto es coherente y responde perfectamente a las características del género.
El texto no contiene errores de gramática, ortografía o puntuación.
Las fuentes consultadas y citadas están documentadas de forma sistemática (APA, MLA, Vancouver, Icontec).
El texto refleja apropiación del proceso de escritura (documentación, adecuación, textualización, revisión y reescritura).
3.6 a 4.5 Bueno
Las afirmaciones están argumentadas con información relevante.
El estilo, la estructura y el tono son en su mayoría consistentes con el tipo de texto.
La prosa es en general clara, breve y coherente.
El texto está bien organizado y responde a las características básicas del género.
El texto tiene algunos errores de gramática, ortografía y puntuación.
Las fuentes consultadas y citadas están documentadas de forma sistemática (APA, MLA, Icontec).
El texto refleja apropiación del proceso de escritura (documentación, adecuación, textualización, revisión y reescritura).
3.0 a 3.5 Aceptable
Las afirmaciones no están argumentadas o se basan en evidencias inadecuadas.
El estilo, la estructura y el tono no son apropiados para el género.
La prosa es entendible pero hay pasajes confusos o difíciles de seguir.
El texto tiene errores recurrentes de gramática, ortografía y puntuación.
Las fuentes consultadas, citadas y parafraseadas no están debidamente referenciadas o no tienen relación con el desarrollo lógico del texto.
El texto no refleja un proceso completo de escritura (documentación, adecuación, textualización, revisión y reescritura).
0 a 2.9 Inaceptable
Presenta afirmaciones que no se argumentan con evidencias provenientes de diversas fuentes.
El estilo, la estructura y el tono hacen que el texto sea incomprensible.
La prosa es sistemáticamente confusa, pretenciosa y difícil de seguir.
El texto carece de organización y no responde a las características del género.
El texto presenta errores sistemáticos de gramática, ortografía y puntuación.
Las fuentes consultadas, citadas o parafraseadas no están referenciadas.
El texto no refleja apropiación del proceso de escritura (documentación, adecuación, textualización, revisión y reescritura).
Referencia: Texto adaptado por el docente Raúl de J. Roldán Álvarez a partir de: Universidad Serio Arboleda. Departamento de gramática, lectura y escritura académicas. Rejillas de evaluación: Criterios generales de evaluación lectura y escritura. Plan 2009. Bogotá.
<http://www.usergioarboleda.edu.co/gramatica/programa_evaluacion.htm>.
Referencia: Texto adaptado por el docente Raúl de J. Roldán Álvarez a partir de: Universidad Serio Arboleda. Departamento de gramática, lectura y escritura académicas. Rejillas de evaluación: Criterios generales de evaluación lectura y escritura. Plan 2009. Bogotá.
<http://www.usergioarboleda.edu.co/gramatica/programa_evaluacion.htm>.
Presentación “La pregunta como camino”
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5:21 a.m.
viernes, 27 de marzo de 2020
Portafolio Didáctica Adquisición Procesos Lectoescritura III
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4:10 p.m.
domingo, 26 de mayo de 2019
La responsabilidad de escribir bien (Partes 1,2 y 3)... Por Víctor León Zuluaga Salazar
La responsabilidad de escribir bien Parte 1/3
Una lectora y un estudiante de la Facultad de Comunicación Social de la Fundación Universitaria Luis Amigó, de Medellín, alientan, de nuevo, la reflexión sobre el asunto.
Esta semana la lectora María Victoria Saldarriaga Henao me envió un mensaje directo y contundente: "... quisiera saber si la Real Academia Española abolió el punto y coma de toda redacción". Y tiene toda la razón porque el punto y coma es poco usado.
El profesor e investigador Héctor Manuel Gómez conceptúa que "el punto y coma está reservado para quienes dominan el tema porque su uso es demasiado sutil. Tiene dos usos: el primero es de carácter gramatical, cuando dentro del texto hay demasiadas comas internas o cuando la relación no es tan cercana como la coma ni tan lejana como el punto. En las enumeraciones complejas, por ejemplo".
"El uso número dos es de carácter psicológico, cuando el autor escribe con estilo un tanto atropellado dando la impresión de estar detrás del lector empujándolo para que no participe del texto. Un autor español dice que este signo de puntuación nunca desaparecerá y que, por el contrario, quien tiende a desaparecer es el que no lo sabe emplear", agrega el lingüista.
En un foro sobre la misión educativa de los medios de comunicación, al que fuimos invitados varios periodistas de la ciudad, se planteó la necesidad de que el periodista se exprese bien. En primer lugar porque claridad, propiedad, precisión y rigor son atributos del lenguaje que también son requisitos de la información. Y en segundo, porque el periodismo, además de informar, educa.
De una manera muy gráfica he dicho en otras oportunidades que el periodista debe saber usar el lenguaje como el cirujano el bisturí.
El periodismo se enfrenta hoy a fenómenos complejos. Hay quienes creen que no es necesario escribir bien sino que se entienda. Las deficiencias de la formación en expresión oral y escrita se cuelgan en las redacciones de los medios de comunicación. El lenguaje reducido que usamos en las redes sociales y en otras formas de comunicación influye, y de qué manera, en la escritura del periódico.
El escritor e investigador mexicano Carlos Monsiváis concluyó que "informar ahora es usar a fondo la tecnología, no el idioma, y las ventajas de la inmediatez extrema ocupan con todo el espacio. Si pierde, si lo hubo, el interés específico por la escritura. Se debilita la ambición de poseer un lenguaje variado y con matices".
No obstante este panorama, considero que el periodista debe dominar el lenguaje porque es su principal instrumento de comunicación. Escribir bien es un requisito, pero también es un acto de responsabilidad social.
Los lectores de hoy son más instruidos y exigentes y la participación activa de las audiencias contribuye al mejoramiento de la calidad de la escritura.
Un ejemplo reciente de esta urgencia de escribir bien lo acaba de dar The Washington Post al abrir un nuevo canal, exclusivo y accesible, para que los lectores hagan las correcciones a los textos, mediante un formulario que envían fácilmente y que los editores revisan con frecuencia para hacer las enmiendas con diligencia. Este nuevo canal se suma a los tradicionales del teléfono, el correo electrónico y los comentarios de los contenidos.
Referencia: https://www.elcolombiano.com/historico/la_responsabilidad_de_escribir_bien-PGEC_123941
El Colombiano | Víctor León Zuluaga Salazar | Medellín| Publicado el 06 de marzo de 2011.
En esta oportunidad quiero extenderme sobre la responsabilidad de escribir bien, que tenemos los periodistas, pero que también es de todas las personas.
Hablar correctamente, escribir correctamente, es un requisito de la comunicación. Alguien puede creer que se trata de una cruzada inútil porque las nuevas tecnologías parecen desfavorecer la buena expresión.
Yo creo que no debe originarse en este fenómeno una licencia para maltratar la lengua. Estoy de acuerdo con la opinión de Betina Lippenholtz, cuando plantea: "Escribir y hablar bien tiene que ver con leer, con comunicarse, con prestar atención, etc., no con la plataforma. El papel no dio una mejor o peor escritura que el papiro, y la imprenta mucho menos. Los cambios tienen que ver con el uso del lenguaje, con necesidades propias del hablante en cada época y situación, y no con soportes o plataformas", según escribe en el portal educativo del gobierno argentino.
Cada vez crece el número de personas que extrañamos la buena escritura en los correos electrónicos, redes sociales, mensajes de texto y en general en los medios de comunicación. La costumbre de reducir el lenguaje en las comunicaciones personales no puede contaminar el que usamos en los medios de comunicación. Las expresiones íntimas, coloquiales y familiares deben quedarse en esos ámbitos y no darles espacio en los medios impresos y audiovisuales, dirigidos a audiencias más amplias.
La deficiencia que puede detectarse en algunos currículos educativos se subsana con la lectura de buenos autores y con la ayuda de innumerables recursos que están a la mano, a un clic de distancia. Internet como canal educativo ofrece inmensas posibilidades.
Errar es humano. Los lectores de los medios impresos son cada vez más exigentes y señalan con frecuencia los errores, las erratas o equivocaciones al digitar, las fallas de ortografía y de otra naturaleza.
Y corregir también es humano. Cada error, por insignificante que parezca, debe ser corregido por el periódico. Como defensor del lector insisto en la necesidad de establecer una sección de correcciones.
Las imprecisiones y los errores atentan contra la veracidad y la credibilidad del periodista y del medio de comunicación.
Dudo lo que dice la canción interpretada por Héctor Lavoe y autoría de Tite Curet Alonso: "Tu amor es un periódico de ayer / que nadie más procura ya leer / el comentario que nació en la madrugada / y fuimos ambos la noticia propagada / y en la tarde materia olvidada".
El periódico puede volver a leerse. Es documento de consulta permanente. Y hoy, la información está puesta en la red y llega a todas partes y queda guardada en archivos y carpetas públicas y personales.
Así las cosas, es necesario corregir los errores, por simples que sean. Es responsabilidad del periodista escribir correctamente. Y cuando publica un error, corregir.
Como el tema no se agota aquí, continuará la próxima semana.
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10:40 p.m.
Buenos lectores y buenos escritores... Por Vladimir Nabokov
Introducción del libro "Curso de Literatura europea"
Vladimir Nabokov
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| Foto: Vladimir-Nabokov-Horst-Tappe-Getty |
«Cómo ser un buen lector», o «Amabilidad para con los autores»; algo así podría servir de subtítulo a estos comentarios sobre diversos autores, ya que mi propósito es hablar afectuosamente, con cariñoso y moroso detalle, de varias obras maestras europeas. Hace cien años, Flaubert, en una carta a su amante, hacía el siguiente comentario: «qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros».
Al leer, debemos fijarnos en los detalles, acariciarlos. Nada tienen de malo las lunáticas sandeces de la generalización cuando se hacen después de reunir con amor las soleadas insignificancias del libro. Si uno empieza con una generalización prefabricada, lo que hace es empezar desde el otro extremo, alejándose del libro antes de haber empezado a comprenderlo. Nada más molesto e injusto para con el autor que empezar a leer, supongamos, Madame Bovary, con la idea preconcebida de que es una denuncia de la burguesía. Debemos tener siempre presente que la obra de arte es, invariablemente, la creación de un mundo nuevo, de manera que la primera tarea consiste en estudiar ese mundo nuevo con la mayor atención, abordándolo como algo absolutamente desconocido, sin conexión evidente con los mundos que ya conocemos. Una vez estudiado con atención este mundo nuevo, entonces y sólo entonces estaremos en condiciones de examinar sus relaciones con otros mundos, con otras ramas del saber.
Otra cuestión: ¿Podemos obtener información de una novela sobre lugares y épocas? ¿Puede ser alguien tan ingenuo como para creer que esos abultados best-sellers difundidos por los clubs del libro bajo el enunciado de «novelas históricas» pueden contribuir al enriquecimiento de nuestros conocimientos sobre el pasado? Pero ¿y las obras maestras? ¿Podemos fiarnos del retrato que hace Jane Austen de la Inglaterra terrateniente, con sus baronets y sus jardines paisajistas, cuando todo lo que ella conocía era el salón de un pastor protestante? Y Casa Desolada, esa fantástica aventura amorosa en un Londres fantástico, ¿podemos considerarla un estudio del Londres de hace cien años? Desde luego que no. Y lo mismo ocurre con las demás novelas de esta serie. La verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas... y las que vamos a estudiar aquí lo son en grado sumo.
El tiempo y el espacio, el color de las estaciones, el movimiento de los músculos y de la mente, todas estas cosas no son, para los escritores de genio (por lo que podemos suponer, y confío en que suponemos bien), nociones tradicionales que pueden sacarse de la biblioteca circulante de las verdades públicas, sino una serie de sorpresas extraordinarias que los artistas maestros han aprendido a expresar a su manera personal La ornamentación del lugar común incumbe a los autores de segunda fila; éstos no se molestan en reinventar el mundo; sólo tratan de sacarle el jugo lo mejor que pueden a un determinado orden de cosas, a los modelos tradicionales de la novelística. Las diversas combinaciones que un autor de segunda fila es capaz de producir dentro de estos límites fijos pueden ser bastante divertidas, pese a su carácter efímero, porque a los lectores de segunda les gusta reconocer sus propias ideas vestidas con un disfraz agradable. Pero el verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe crearlos él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción. Puede que la materia de este mundo sea bastante real (dentro de las limitaciones de la realidad), pero no existe en absoluto como un todo fijo y aceptado: es el caos; y a este caos le dice el autor: «¡Anda !», dejando que el mundo vibre y se funda. Entonces, los átomos de este mundo, y no sus partes visibles y superficiales, entran en nuevas combinaciones. El escritor es el primero en trazar su mapa y- poner nombre a los objetos naturales que contiene. Estas bayas son comestibles. Ese bicho moteado que se ha cruzado veloz en mi camino se puede domesticar. Aquel lago entre los árboles se llamará Lago de Ópalo o, más artísticamente, Lago Aguasucia. Esa bruma es una montaña... y aquella montaña tiene que ser conquistada. El artista maestro asciende por una ladera sin caminos trazados; y una vez arriba, en la cumbre batida por el viento, ¿con quién diréis que se encuentra? Con el lector jadeante y feliz. Y allí, con un gesto espontáneo, se abrazan y, si el libro es eterno, se unen eternamente.
Una tarde, en una remota universidad de provincia donde daba yo un largo cursillo, propuse hacer una pequeña encuesta: facilitaría diez definiciones de lector; de las diez, los estudiantes debían elegir cuatro que, combinadas, equivaliesen a un buen lector. He perdido esa lista; pero según recuerdo, la cosa era más o menos así:
Selecciona cuatro respuestas a la pregunta «¿qué cualidades debe tener uno para ser un buen lector?»: 1) Debe pertenecer a un club de lectores. 2) Debe identificarse con el héroe o la heroína. 3) Debe concentrarse en el aspecto socioeconómico. 4) Debe preferir un relato con acción y diálogo a uno sin ellos. 5) Debe haber visto la novela en película. 6) Debe ser un autor embrionario. 7) Debe tener imaginación. 8) Debe tener memoria.?9) Debe tener un diccionario. 10) Debe tener cierto sentido artístico.
Los estudiantes se inclinaron en su mayoría por la identificación emocional, la acción y el aspecto socioeconómico o histórico.
Naturalmente, como habréis adivinado, el buen lector es aquel que tiene imaginación, memoria, un diccionario y cierto sentido artístico..., sentido que yo trato de desarrollar en mí mismo y en los demás siempre que se me ofrece la ocasión.
A propósito, utilizo la palabra lector en un sentido muy amplio. Aunque parezca extraño, los libros no se deben leer: se deben releer. Un buen lector, un lector de primera, un lector activo y creador, es un «relector». Y os diré por qué. Cuando leemos un libro por primera vez, la operación de mover laboriosamente los ojos de izquierda a derecha, línea tras línea, página tras página, actividad que supone un complicado trabajo físico con el libro, el proceso mismo de averiguar en el espacio y en el tiempo de qué trata, todo esto se interpone entre nosotros y la apreciación artística. Cuando miramos un cuadro, no movemos los ojos de manera especial; ni siquiera cuando, como en el caso del libro, el cuadro contiene ciertos elementos de profundidad y desarrollo. El factor tiempo no interviene realmente en un primer contacto con el cuadro. Al leer un libro, en cambio, necesitamos tiempo para familiarizarnos con él. No poseemos ningún órgano físico (como los ojos respecto a la pintura) que abarque el conjunto entero y pueda apreciar luego los detalles. Pero en una segunda, o tercera, o cuarta lectura, n6s comportamos con respecto al libro, en cierto modo, de la misma manera que ante un cuadro. Sin embargo, no debemos confundir el ojo físico, esa prodigiosa obra maestra de la evolución, con la mente, consecución más prodigiosa aún. Un libro, sea el que sea -ya se trate de una obra literaria o de una obra científica (la línea divisoria entre una y otra no es tan clara como generalmente se cree)-, un libro, digo, atrae en primer lugar a la mente. La mente, el cerebro, el coronamiento del espinazo es, o debe ser, el único instrumento que debemos utilizar al enfrentarnos con un libro.
Sentado esto, veamos cómo funciona la mente cuando el melancólico lector se enfrenta con el libro risueño. Primero, se le disipa la melancolía, y para bien o para mal, el lector participa en el espíritu del juego. El esfuerzo de empezar un libro, sobre todo si es elogiado por personas a las que el lector joven considera en su fuero interno demasiado anticuadas o demasiado serias, es a menudo difícil de realizar; pero una vez hecho, las compensaciones son numerosas y variadas. Puesto que el artista maestro ha utilizado su imaginación para crear su libro, es natural y lícito que el consumidor del libro también utilice la suya.
Sin embargo, hay al menos dos clases de imaginación en el caso del lector. Veamos, pues, cuál de las dos es la más idónea para leer un libro. En primer lugar está el tipo, bastante modesto por cierto, que busca apoyo en emociones sencillas y es de naturaleza netamente personal (hay diversas subespecies en este primer apartado de lectura emocional). Sentimos con gran intensidad la situación expuesta en el libro porque nos recuerda algo que nos ha sucedido a nosotros o a alguien a quien conocemos o hemos conocido. O el lector aprecia el libro sobre todo porque evoca un país, un paisaje, un modo de vivir que él recuerda con nostalgia como parte de su propio pasado. O bien, y esto es lo peor que puede hacer el lector, se identifica con uno de los personajes. No es este tipo modesto de imaginación el que yo quisiera que utilizasen los lectores. Así que ¿cuál es el auténtico instrumento que el lector debe emplear? La imaginación impersonal y la fruición artística. Tiene que establecerse, creo, un equilibrio armonioso y artístico entre la mente de los lectores y la del autor. Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente -apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos- de la textura interna de una determinada obra maestra.
Por supuesto, es imposible ser completamente objetivo en estas cuestiones. Todo lo que vale la pena es en cierto modo subjetivo. Por ejemplo, puede que vosotros allí sentados no seáis más que un sueño mío, y puede que yo sea una de vuestras pesadillas. Lo que quiero decir es que el lector debe saber cuándo y dónde refrenar su imaginación; lo hará tratando de dilucidar el mundo específico que el autor pone a su disposición. Tenemos que ver cosas y oír cosas: visualizar las habitaciones, las ropas, los modales de los personajes de un autor. El color de los ojos de Fanny Price, protagonista de Mansfield Park, y el mobiliario de su pequeña y fría habitación, son importantes.? Cada cual tiene su propio temperamento; pero desde ahora os digo que el mejor temperamento que un lector puede tener, o desarrollar, es el que resulta de la combinación del sentido artístico con el científico. El artista entusiasta propende a ser demasiado subjetivo en su actitud respecto al libro; por tanto, cierta frialdad científica en el juicio templará el calor intuitivo. En cambio, si el aspirante a lector carece por completo de pasión y de paciencia -pasión de artista y paciencia de científico-, difícilmente gozará con la gran literatura.
La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neanderthal gritando «el lobo, el lobo», con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando «el lobo, el lobo», sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente. Entre el lobo de la espesura y el lobo de la historia increíble hay un centelleante término medio. Ese término medio, ese prisma, es el arte de la literatura.
La literatura es invención. La ficción es ficción. Calificar un relato de historia verídica es un insulto al arte y a la verdad. Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la architramposa Naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña. Desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.
Volviendo un momento al muchacho cubierto con pieles de cordero que grita «el lobo, el lobo», podemos exponer la cuestión de la siguiente manera: la magia del arte estaba en el espectro del lobo que él inventa deliberadamente, en su sueño del lobo; más tarde, la historia de sus bromas se convirtió en un buen relato. Cuando pereció finalmente, su historia llegó a ser un relato didáctico, narrado por las noches alrededor de las hogueras. Pero él fue el pequeño mago. Fue el inventor.
Hay tres puntos de vista desde los que podemos considerar a un escritor: como narrador, como maestro, y como encantador. Un buen escritor combina las tres facetas; pero es la de encantador la que predomina y la que le hace ser un gran escritor.
Al narrador acudimos en busca del entretenimiento, de la excitación mental pura y simple, de la participación emocional, del placer de viajar a alguna región remota del espacio o del tiempo. Una mentalidad algo distinta, aunque no necesariamente más elevada, busca al maestro en el escritor. Propagandista, moralista, profeta: ésta es la secuencia ascendente. Podemos acudir al maestro no sólo en busca de una formación moral sino también de conocimientos directos, de simples datos. ¡ Ay!, he conocido a personas cuyo propósito al leer a los novelistas franceses y rusos era aprender algo sobre la vida del alegre París o de la triste Rusia. Por último, y sobre todo, un gran escritor es siempre un gran encantador, y aquí es donde llegamos a la parte verdaderamente emocionante: cuando tratamos de captar la magia individual de su genio, y estudiar el estilo, las imágenes, y el esquema de sus novelas o de sus poemas.
Las tres facetas del gran escritor -magia, narración, lección- tienden a mezclarse en una impresión de único y unificado resplandor, ya que la magia del arte puede estar presente en el mismo esqueleto del relato, en el tuétano del pensamiento. Hay obras maestras con un pensamiento seco, limpio, organizado, que provocan en nosotros un estremecimiento artístico tan fuerte como puede provocarlo una novela como Mansfield Park o cualquier torrente dickensiano de imaginación sensual. Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Aquí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debamos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entonces observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal.
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10:14 p.m.
miércoles, 20 de junio de 2012
Relatoría. Ejemplo
“Límites del ensayo académico”
Autor del texto: Profesor Jaime Alberto Vélez
Relator: Lic. Raúl de Jesús Roldán Álvarez
Tomado de: Alma Mater-Universidad de Antioquia-Secretaría General, Departamento de Información y prensa. Colección Documentos No.4-Medellín, noviembre de 1999.
- Primer momento: “Sobre la temática del texto”
a. ¿Cuál es la tesis propuesta por el autor?
El autor (Jaime Alberto Vélez) se propone despejar las causas que han llevado a la confusión del término "ensayo" en los círculos académicos, el proceso que se debe adelantar antes de ser asumido como medio de expresión de lo académico y las cualidades intrínsecas que lo caracterizan frente a otras formas de transmisión del saber.
b. ¿Cómo se desarrolla el esquema argumentativo del texto?
El autor argumenta su tesis o propósito a través de los siguientes puntos:
§ Planteamiento del problema: La indefinición y demanda indiscriminada del ensayo como medio de expresión por parte de los actores de los círculos académicos ha llevado a la no diferenciación del término con la consecuente confusión sobre sus alcances como género de escritura.
§ La práctica del ensayo debe estar antecedida por un proceso de aprendizaje de los contenidos a tratar y no ser establecida como el inicio que nos conduce al saber.
§ El ensayo no se puede convertir en un medio de evaluación del saber de los estudiantes, aunque alguna concepción pueda entenderlo como un “intento” de aprendizaje.
§ El ensayo no se puede confundir con otras formas de expresión tales como el resumen y el informe.
§ Para escribir un ensayo se debe contar con competencia crítica.
§ La plena conciencia de las normas y técnicas del medio, contribuye a su fácil ejecución.
§ La desinformación acerca de las cualidades del ensayo hace que los contenidos tratados queden supeditados al azar.
§ “Cualquier saber implica, fundamentalmente, conocer el modo de expresarlo”.
§ Se debe buscar el ajuste perfecto entre expresión y pensamiento.
§ El ensayo consiste en una creación insuperable en su campo.
§ No existe ensayo sin público lector.
§ Lenguaje y pensamiento determinan la evolución o decadencia de un idioma.
§ El ensayo no debe cumplir una función cosmética de lo que se analiza, de las opiniones o comentarios.
§ El ensayo procede en intensidad de manera vertical en su exposición argumental mientras el trabajo académico actúa de forma horizontal en extensión.
§ El ensayo debe comportar libertad para quien lo escribe; mientras las actividades académicas se escriben por solicitud.
§ “(...) el gran ensayo pugna contra la deshumanización e intenta encontrar un punto efectivo de unión con el ser humano concreto”.
§ “El ensayo debe evitar abrumar al lector”.
§ La falta de conocimiento de las técnicas sobre el ensayo no es sólo de aquel que intenta usarlo sino de todo el sistema educativo.
c. ¿Cuáles son las nociones y categorías centrales del texto?
Las categorías o ideas centrales del texto se pueden sintetizar en las siguientes tríadas:
§ Proceso-contenido-ensayo
§ Lenguaje-pensamiento-expresión
§ Normas-técnicas-género
§ Libertad-creatividad-academia
§ Claridad-gracia-agudeza
§ Causas-decadencia-responsabilidad
§ Indefinición-confusión-término
§ Competencia-habla-argumento
§ Ensayo-intensidad-vertical
§ Trabajo académico-extensión-horizontal
§ Ensayo-contenido-madurez académica
§ Concepto-humanización-unión
§ Sensibilidad-criterio-ensayo
Relacionadas las anteriores tríadas categoriales, no sólo entregan el propósito (tesis) del texto sino los argumentos sustanciales que validan dicha tesis.
d. ¿Cuáles son las conclusiones que propone el autor, el texto o la teoría?
Las conclusiones que propone el Autor son como siguen:
§ El ensayo debe erigirse más bien en resultado de un proceso gradual de aprendizaje y no propiamente en su inicio: el ensayo es un género de madurez.
§ Carece de competencia para escribir un ensayo quien no posee habilidades para redactar una reseña y, mucho menos, una reseña crítica.
§ Cualquier saber implica fundamentalmente conocer el modo de expresarlo: las normas y las técnicas.
§ En el ajuste perfecto entre el pensamiento y su expresión radica el proceso mismo de la configuración de las ideas.
§ Un buen ensayo científico consiste en una creación insuperable en su campo, que ningún literato, por más habilidad que posea, podría escribir mejor.
§ Son virtudes del ensayo la claridad, la gracia y la agudeza.
§ La aniquilación del ensayo como forma de expresión se sustenta en la ausencia de un contenido específico que responda qué es ensayo y qué no lo es.
§ El trabajo académico opera de forma horizontal y en extensión, el ensayo en intensidad y verticalidad: la intensidad propia de un buen ensayo contrasta con la exposición extensa que caracteriza la labor académica.
§ Un buen ensayo posee un carácter libre, la mayoría de los trabajos académicos se escriben por encargo.
§ Todas las formas de expresión del saber pueden utilizar tanto la exposición como la argumentación como sustento; lo que los diferencia del ensayo es que éste es también un experimento.
§ El ensayo pugna contra la deshumanización e intenta encontrar un punto efectivo de unión con el ser humano concreto.
§ Para escribir un ensayo se requiere un ser humano informado, sensible y con criterio propio.
2. Segundo momento: “Sobre la organización del texto”
2.1. ¿Cuál es el sentido e implicaciones del título?
a. Análisis de las partes significativas del título:
b. Inferencia: Del sustantivo “límites”, parte del título del texto del Profesor Vélez, se puede inferir el problema general que plantea, en tanto alude, de manera clara, a una restricción o desconocimiento de los contenidos, de los alcances y características del “ensayo académico” como forma de expresión de las ideas por parte de quienes lo demandan y/o consumen.
c. ¿De qué manera el uso del lenguaje incide en la profundidad, claridad y autoridad del texto o del autor?
El discurso argumentativo utilizado por el autor se sustenta en la estrategia que se ha denominado "argumentación por modelo/antimodelo".
La "argumentación modelo/antimodelo" es aquella a la que se recurre cuando se quiere sustentar o validar la tesis o afirmación propuesta sobre un tema dado y, para ello, se expresa en el mismo texto las ventajas y desventajas de dos tipos de lógicas que se contraponen y que están referidas a dicho tema. En nuestro caso, el tema es el “ensayo académico”.
Con base en la referida estrategia, el autor se propone desmontar lo que se entiende en los círculos académicos por ensayo y, para ello, establece las condiciones que se deben cumplir para hacer del ensayo el producto de todo un proceso de aprendizaje; o sea, un modelo a seguir.
La "argumentación modelo/antimodelo" es aquella a la que se recurre cuando se quiere sustentar o validar la tesis o afirmación propuesta sobre un tema dado y, para ello, se expresa en el mismo texto las ventajas y desventajas de dos tipos de lógicas que se contraponen y que están referidas a dicho tema. En nuestro caso, el tema es el “ensayo académico”.
Con base en la referida estrategia, el autor se propone desmontar lo que se entiende en los círculos académicos por ensayo y, para ello, establece las condiciones que se deben cumplir para hacer del ensayo el producto de todo un proceso de aprendizaje; o sea, un modelo a seguir.
A su vez, utiliza la deducción, en el marco del modelo propuesto, para derivar, a partir de ciertos requisitos o fundamentos propios del ensayo, los rasgos de un fenómeno de confusión que se ha venido presentando entre académicos y docentes en la definición de los contenidos del aludido término.
En general, el esquema argumentativo utilizado por el autor se apoya en el mejor uso de su competencia lingüística y comunicativa y sustenta comprensiblemente las conclusiones a las que llega.
3. Tercer momento: “Sobre el proceso de lectura”
a. ¿Qué nuevas ideas descubrió? y ¿qué necesidades, inquietudes o preguntas surgieron a partir de los planteamientos del autor?
El más importante aporte que el texto opera en el lector es el relacionado con la visión del ensayo como el producto de un proceso de aprendizaje: una forma de transmisión del saber para aquellos que ya cuentan con madurez intelectual y tienen la competencia para aportarle a las demandas de este género.
La didáctica relacionada con la construcción de un ensayo, se clarifica en el texto cuando el autor establece qué debe hacerse primero y qué después antes de abordar la forma de expresión en mención.
Con las cualidades y características que diferencian el ensayo de otros géneros escriturales, el autor se apropia de una explicación que responde a una importante demanda tácita recurrente en los círculos académicos.
b. ¿Qué no entendió o no puede relacionar con el texto?
En el párrafo 29, el autor realiza la siguiente consideración: “Ante la ciencia, como se sabe, el individuo como tal no representa nada, ni a nadie, pero ante el ensayista científico se convierte en interlocutor ─en el único posible─ por mediación sobre todo del punto de vista adoptado. En este caso, el individuo siente que el ensayo se escribió para él, pues una de las peculiaridades de esta clase de ensayista consiste en que evita a toda costa abrumar al lector”.
En torno a la anterior apreciación, considero que el autor desconoce algunas revalorizaciones científicas, incluso, de comienzos del siglo XX:
Es preciso aclarar, que en el discurrir irregular de dicho siglo, un sinnúmero de puntos de vista han permitido cuestionar y replantear las consideraciones epistemológicas de la ciencia tradicional, siendo así que aquella teoría del conocimiento a partir de la cual ciertos hechos confirmaban los principios de la mecánica newtoniana y los mismos se aplicaron por igual en los estudios fenomenológicos, no sólo de la física sino del área de las humanidades, comenzaron a ser controvertidos, cuando desde la física cuántica, con el principio de indeterminación de Werner Heisenberg según el cual “el observador modifica lo observado”, se comenzaron a sentar las bases para un nuevo paradigma científico en el que el ángulo del sujeto que observa no solo debe ser tenido en cuenta, sino que este solo presenta un aspecto de la realidad que pretende aprehender de forma global.
De igual forma, el principio de causa y consecuencia, las etapas de cuantificación que colocaban de lado los procesos de cualificación y toda una serie de atributos de la ciencia cartesiana vienen hoy siendo seriamente cuestionados en beneficio de un nuevo código, el cual refiere a presupuestos como los de sincronización, complejidad, transdisciplinariedad, los cuales ya vienen conformando el campo semántico del nuevo discurso científico y, en consecuencia, de nuevos modos de aprender y de saber. En todos estos nuevos modos de aprender y de saber el individuo no es sólo fin sino también medio.
c. ¿Qué ideas se hace necesario citar del texto?
§ c.1. El ensayo debe erigirse más bien en resultado de un proceso gradual de aprendizaje y no propiamente en su inicio: el ensayo es un género de madurez.
§ c.2. “Un buen ensayo científico consiste en una creación insuperable en su campo, que ningún literato, por más habilidad que posea, podría escribir mejor”.
§ c.3. El trabajo académico opera de forma horizontal y en extensión, el ensayo en intensidad y verticalidad: la intensidad propia de un buen ensayo contrasta con la exposición extensa que caracteriza la labor académica.
§ c.4. Todas las formas de expresión del saber pueden utilizar tanto la exposición y la argumentación como sustento; lo que los diferencia del ensayo es que éste es también un experimento.
§ El ensayo pugna contra la deshumanización e intenta encontrar un punto efectivo de unión con el ser humano concreto.
d. ¿Cómo fue su proceso de lectura y ¿qué estrategias empleó para comprender el texto y relacionarlo con sus intereses?
d.1. Inicialmente realicé un borrador de un sencillo comentario de texto basado en el siguiente derrotero:
v Lectura del texto
v Resumen significativo del texto
v Análisis del texto
v Contextualización
v Una sencilla valoración crítica del texto
v Para llegar a través de este proceso a responder las preguntas.
d.2. Estrategias:
§ Se cotejaron los argumentos y conclusiones del texto en ensayos clásicos como los de Montaigne, para determinar la validez de lo argumentado.
§ Se aplicaron los mismos principios expresados por el autor en el texto de lo que se entiende por ensayo en su mismo texto.
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2:49 a.m.
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